SEGUNDO TESTIMONIO: SOBREDOSIS, CALLE Y DROGAS VARIAS

 Me despierto; un día más, quiZá por suerte un día menos… Con gesto moribundo subo la persiana de mi habitaZión, el sol cae restándole su luz al horiZonte, no sé que hora será pero me indica como casi en cada despertar que más de las siete de la tarde, miro el hueco vaZío en mi habitaZión donde solía tictaquear mi viejo reloj de agujas, el que haZe unos días vendí junto a un par de cosas más para conseguir una papela, otra más, la última…

No sé cuantas veZes me he auto-engañado ya diZiéndome a mi misma que sería la ultima vez, meses, y en cambio aún sigo aquí resignándome a sacar dinero como sea para la penúltima, siempre penúltima. Mi habitaZión está cada vez más vaZía, sólo las cuatro paredes y una mochila de ropa que en su interior guarda cuatro trapos medio rotos que son mis camisetas y vaqueros, de la pared sobresalen dos clavos oxidados que yo misma coloqué para colgar mi chaleco pintarrajeado lleno de parches y chapas y mi chupa de cuero, viejos  carteles de conZiertos punks encontrados por las calles y algún que otro póster de Sid Vicious es toda la decoraZión que tengo, poco más, un colchón tirado en el suelo y eso sí, un bolígrafo lleno de dentelladas y una libreta donde escribo todo lo que se me pasa por la mente. No se escucha nada, únicamente un zumbido en mi cabeZa que no es más que mi propia soledad emanando un eco horrible e inteligible, el decorado siempre es el mismo: un par de muebles que he destroZado a golpes con mi ansiedad en los que ya no hay nada más que la mochila que contiene mi ropa, y unas cuantas papelas vaZias tiradas donde algún día hubo una papelera que también vendí.

basuraVoy al baño, me lavo la cara y los dientes evitando mirar en el espejo mi propio deterioro, ojeras gigantes caen desde mis párpados haZia las mejillas amenaZando con cubrirlas por completo de un momento a otro, el tono de mi piel es amarillento, como gastado por el paso del tiempo, acto seguido voy a la cocina y saco de la nevera ese dulZe litro de cerveZa que adereZará mis sentidos mientras estoy a la espera de conseguir algo más interesante. Salgo a la calle, vagabundeo de entre los contenedores buscando algo que poder vender en mi tienda habitual de cash, en cuatro pasos cae la noche y sigo mi recorrido de siempre, de contenedor en contenedor hasta llegar a mi plaZa, mi plaZa favorita, que curioso; donde empeZó el prinZipio de mi vida y el prinZipio de mi muerte… Recojo cual ritual todas las colillas de porros que han tirado por la tarde todos esos muchachos que se divertían y charlaban, supongo que ahora ya estarán todos en sus casas junto a sus familias, palabra que me suena tan lejana, pues haZe mucho que yo me largué de mi casa sin deZir ni adiós y no se absolutamente nada de la mía. Por un momento me da por pensar en todos esos muchachos; me recuerdan a mí cuando empeZé con toda esta mierda aunque yo haZe mucho tiempo ya que ni me divierto ni tengo la oportunidad de charlar con alguien, sólo recojo esas colillas para destriparlas, juntarlas y sosegar mis pulmones con el poco THC que pueda quedar en ellas, algo es algo, pienso siempre mientras exhalo el humo, a fin de cuentas cuando me he despertado tenía mucho menos que esto.

  Pateo las calles con gesto patibulario y veo como la gente se me aparta como acusándome desde sus mentes de tener una enfermedad contagiosa que por suerte todavía no tengo, lo que si que tengo es miedo, miedo a que esa situaZión cambie, pille el sida o la hepatitis y ya no haya vuelta a atrás. Mis amigos haZe mucho tiempo que dejaron de querer estar conmigo, tenían miedo, supongo que tienen raZón, no debe ser muy agradable estar con una persona que sólo sabe drogarse, y a la que de pronto le dan ataques violentos de ira repentinos y golpea al primero que se le pasa por delante y luego no se acuerda de nada. No les culpo y nunca lo he hecho, pues de haber podido, yo también hubiera huido del ser en que me convertí por culpa de las drogas. Reciclar cosas y revender muebles encontrados por la calle solía darme a duras penas para el financiamiento de mis viZios, pero no os voy a engañar si la ocasión era propiZia y todo se ponía a mi favor también solía dar algún palo que otro por los callejones de malamuerte del raval, callejuelas decadentes sobre las que me gustaba pasear mi triste e inerte existenZia y en las que de vez en cuando me cruzaba con la víctima perfecta de traje y corbata reZién salida de una de las porterías burdel para un atraco rápido y suculento. ConoZía muy bien la actitud de estos tipos, solían darme lo que les pidiera sin contemplaZiones, ninguno iba a jugarse un posible navajaZo de una punkarra yonki después de haber pegado el polvo del siglo. EntonZes, si había tenido buen olfato, que solía tenerlo, se desataban tres o cuatro días de gloria en los que no haZía falta que andase rebuscando nada entre las montañas de basura, podía estar drogándome en mi triste y deprimente habitaZión todo el día sin que a mi alrededor importase nada más que eso.

  Así era mi día a día cuando estaba metida en el mundo de las drogas, por ese tiempo vivía en una okupa con otras chicas donde al prinZipio todo eran fiestas y alegría, pero con el tiempo algunas tomaron caminos diferentes, otras iban y venían dejando la casa con grandes periodos de ausenZia y mi gran amiga cayó presa injustamente en las jaulas del estado… Y fue así como la casa se quedó sin vida y la poca que había era la mía, que más que una vida era un sinvivir. Me sentía sola, muy sola, nunca me he sentido tan sola en la vida como en aquella época, dejé de parar en mi plaZa de siempre a la que ya sólo iba a recoger las colillas que mis ex-amigos y conoZidos tiraban, los que ya no querían estar conmigo, para parar dos manZanas más abajo, en el coraZón del raval, en una plaZuela llamada “can chatarra” donde habitaban y dormían todos los mendigos y drogadictos de uno de los peores barrios barZelona. Por suerte me acogieron desde el primer día como a uno más, y empeZé a volver a sentir sensaZiones que tenía ya olvidadas; como el calor de un corro de personas charlando y compartiendo un porro, unas rayas y unas cerveZas o el simple hecho de poder tener una conversaZión con personas de carne y hueso y no sólo con las voZes que esquiZofrénicamente se amontonaban en mi cabeZa y me haZian volverme loca y desatar mil ataques de ira. Allí no importaba quien eras, ni de dónde venías, no importaban las edades, puesto que casi drogastodos tenían sobre los trentaimuchos o cuarentaipocos y yo no era más que una cría que reZién acababa de cumplir los 18. Con ellos volvía a tener personas con las que hablar, y cierto es que conseguir drogas se hiZo mucho más fáZil, porque cuando no era uno, era otro el que compartía contigo alguna triste calada de hachís o de cocaína en crak que te levantaba el ánimo. En ese momento creí que todo era mejor desde entonZes, cuando la verdad es que todo fue a peor preZísamente desde ahí.

  Al poco tiempo me vi ya en la calle con mi mochila y mi libreta en la que por muy mal que estuviera no me faltaban las ganas de seguir rejuntando letras a modo de poemas, pero poco me importaba ya, puesto que poca cosa tenía ya que perder. A mi alrededor muchas de las personas que conoZía empeZaron a morir a causa de las drogas, y aunque me afectaba bastante y cada muerte me haZía replantearme las cosas, ¿Quién sería el siguiente? ¿Sería yo? la verdad es que todo siguió igual, seguía drogándome con todo tipo de sustanZias que tuviera a mi alcanZe (cocaína, speed, pastillas de éxtasis, cristal, ketamina, incluso algún que otro jugueteo con la heroína…) desde que me despertaba en el duro suelo, hasta que caía rendida y desecha de nuevo en él, y pasaban los meses… Por suerte no haZía mucho frio por aquella época aunque el invierno aZechaba y amenaZaba con sacudir mis huesos y lo poco que quedaba de mis músculos y piel. Sufrí una anemia a causa del desnutrimiento que tardé dos años en remontar, cada dos por tres sufría mareos y desmayos y pocas fuerZas me quedaron para seguir tirando de aquel carrito de supermercado cargado con todos aquellos muebles y objetos varios recogidos de las calles… Las drogas te quitan el hambre y las ganas de comer, y para cuando esas ganas llegan en algún momento inesperado, no tienes nada porque ya te lo has gastado todo en calmar con cualquier droga los dolorosos síntomas del mono. Sí; intenté dejarlo en varias ocasiones, pero cada día seguía siendo una lucha interior contra mí misma que no podía venZer y se convertía de nuevo en más de lo mismo.

  manos¿Qué cómo conseguí salir de esta espiral de perdiZión y muerte os estaréis preguntando, no? Supongo que graZias a ella… Una chica, que posteriormente fue mi pareja por muchos años me ayudó  a salir de las drogas, nos conoZíamos desde mucho antes pero nos distanZiamos por cosas de la vida, ella por aquella época consumía con frecuenZia (pastillas y cocaína) pero no estaba enganchada y cuando nos reencontramos la verdad es que nos liamos y nos hiZimos inseparables. Cuando supo de mi situaZión quiso sacarme de la calle metiéndome a la fuerZa en casa de sus padres, la cual cosa yo califiqué de locura, pero tal fue su insistenZia que finalmente me convenZió. Era de esperar que semejante plan no iba a ser del agrado de sus padres, que hartos de ver un día tras otro a una persona intentar dejar las drogas y sudando y temblando, sufriendo el mono en una habitaZión de su propia casa en la que a menudo retumbaban golpes y gritos, me acabaran echando de allí con amenaZas propias (y de esperar…) de llamar a la poliZía para denunZiarme. De modo que de nuevo cogí mi mochila y volví a la calle, pero para mi sorpresa a esta chica no se le ocurrió otra cosa que ponerles un ultimatum a sus padres “O dejáis que se quede o me marcho con ella y no me volvéis a ver el pelo” y ya os podéis figurar el resultado, esa noche y todas las que vinieron detrás, las dos juntas viviendo y durmiendo en “can chatarra”. No sabría deZiros cuanto tiempo fue, cuantas noches dormimos juntas y abraZadas teniendo nada más que eso; la una a la otra, cuando el frio empeZó a rugir cambiamos el rincón de aquella plaZa por un cajero de la zona, lo que sí que sé es que ese tormento acabó cuando volví a vivir otra vez bajo techo en mi antigua okupa, pero esta vez con ella. Cuando intento recordar las cosas vividas en esos años perdidos de drogadicZión, la mente me da saltos por el tiempo, hay una nebulosa gigante aún sobrevolando por enZima de todos esos recuerdos que no logro retener en mi memoria con nitidez, de hecho, creo que fue aquí, ya estando las dos en la casa cuando a mi amiga la metieron en la cárZel. A raíz de ahí pocas cosas recuerdo, la verdad, recuerdo seguir fracasando en mis esfuerZos por dejarlo, que esa chica estaba conmigo, días de festivales punk que se alargaban en tres o cuatro metidas hasta las cejas de todo y que nos vimos envueltas en muchos líos de proZesos judiZiales, juiZios y todos esos jaleos, con mucho miedo de tener que entrar yo también en la cárZel… El punto detonante fue una noche de san juan en la que casi perdí la vida a causa de una sobredosis. La verdad es que estar ahí intubada, sin poderme mover, respirando artifiZialmente graZias a todos aquellos tubos y cables me hiZieron volver a la realidad. La enfermera me dijo que si no hubiera sido por el diaZepan que mi novia me había dado asustada porque creía que me estaba muriendo de un ataque de algo, me habría petado el coraZón. Es curioso como todo esto, en cambio, lo recuerdo a la perfecZión como si hubiera ocurrido ayer, lo único que no consigo recordar es en qué momento pasé de estar con “todo el morao guapo” a sentirme mal y cuando me recogió la ambulanZia para llevarme corriendo al hospital mientras mi cuerpo se debatía entre la vida y la muerte. Pero cuando abrí los ojos allí, tal fue el shock que lo recuerdo con todo lujo de detalles.

  A raíz de ahí fue cuando mis esfuerZos por dejarlo empeZaron a mantenerse firmes, no fue fáZil, fue muy duro y doloroso, la verdad es que sufrir el mono no se lo deseo ni a mi peor enemigo… Fueron dos semanas insoportables, las que vinieron tras esas dos, también lo fueron pero ya de otra manera, con menos intensidad, pero poco a poco, según fueron pasando las semanas empeZé a asomar la cabeZa de nuevo al mundo. Por aquel entonZes mi novia consiguió un trabajo y alquilamos un piso, punto detonante también para que yo dejara de ver y de tener que estar con ciertas compañías con las que siempre terminaba recayendo. Volver a dormir bajo un buen techo, con cojines y mantas en una cama confortable, abrir el grifo y que saliera agua para poder beber, ducharme o lavarme los dientes, tener una nevera a la que acudir cuando el hambre despertaba… Cosas cotidianas del día a día que la gente no valora, se volvieron a presentar en mi vida como el regalo más bello que la vida me estaba dando. Conseguir en el proZeso judiZial la libertad condiZional también fue un verdadero respiro a las preocupaZiones que tanto me atormentaban. Poco a poco fui recuperando color, empeZé a tratarme de la anemia que había cogido y en cuanto tuve mejor aspecto conseguí encontrar un trabajo como reponedor de supermercado. No era el mejor trabajo del mundo, ni mucho menos lo que había soñado, pero para mí fue la gran oportunidad que me daba la vida para no recaer en todo aquello que, aunque no quisiera y rechaZara, aZechaba detrás de mi como un fantasma. Me centré en mi casa, en mi novia, en mi trabajo, me deshiZe de todas aquellas personas que sobraban en mi vida, las que me acompañaban en mi mal camino y las que nunca me apoyaron, me quedé sola otra vez, pero nada fue mejor para mi futuro que empeZar de cero, y esta vez por lo menos sí que tenía a alguien; la tenía a ella.

Estuvimos varios años, luego la relaZión se deterioró, como suele ocurrir con todo, aunque hoy en día somos muy buenas amigas. Y aquí se acaba mi historia, lo que viene después es una vida entregada a la escritura y al deporte, alejada por completo de las drogas, del tabaco, del alcohol y de cualquier cosa que pueda representar un obstáculo a un coraZón sano. Estoy orgullosa de haber tenido la fuerZa y el valor neZesario para levantarme después de cada caída, después de cada vez que intenté dejarlo y volvía a recaer, una vez tras otra, hasta la definitiva. A día de hoy no sé en que momento se empeZó a torZer todo en mi vida, cuando pasé de un uso a un abuso de las drogas… Y es que empeZé tan joven con los típicos porrillos y rayas que no sabría encontrar el momento justo de inflexión que me llevó al desastre, lo que sí que sé es que no me arrepiento de nada, que a lo hecho; pecho, que estoy viva y que tampoco tengo que lamentarme de nada porque todas estas experienZias de mi vida me han convertido en una persona valiente y luchadora y que de no ser por todo lo que he vivido quiZá hoy día no seria quien soy.
Y me gustaría despedirme de todos vosotros ofreZiéndoos uno de los tantos poemas que escribí en aquella libreta vieja y desmembrada:

MIS DISCURSOS DE SOLEDAD

En un rincón de la calle

sobre las aZeras veo la futura sangre

que sucumbirá ante plaZeres momentáneos…
La pureZa destroZa mis tabiques nasales

dejando ríos infinitos de autodestrucZiones fatuas.

Raíces arrancadas, pensamientos yermos y desérticos,

gramática perdida tras el habla silenciada

por el disparo y los golpes de la soledad.

Palabras cuerdas que provocan locura;

desenfundo poesías sin tiempo para tiempos sin poesía

lejos de las podridas carnaZas de los poetas

que escriben sin sentir, mentiras que no han vivido.

Pues todos mis escritos son parte de mi poderosa verdad.

Recuerdo con tristeZa a tantos de mi alrededor

que se fueron de este mundo a causa de las drogas

cuando en realidad, yo también me estoy yendo…

De entre las colillas que adornan el paisaje

de las suZias y desgastadas aZeras

imploro pedaZos de nicotina y hachís entre las miserias

para seguir mísera

y con un paso moribundo entre los primeros rayos del amaneZer

me marcho haZia mi casa mientras el barrio del raval despierta

si es que ha dormido.

Y cuando llego a mi cuarto entro en otra dimensión exiliada del mundo

donde los secretos se olvidan como palabras…

Mirando lo escrito, escuchando la música

envolviendo el aire…

AbraZaré mil ilusiones

entre los bastidores de esos lienZos donde pinto mis rayas

en mi desértico escenario

que otorga las insolentes madrugadas de desvelos.

Alimentaré mi cuerpo con este plaZer y sufrimiento

desenvolviendo papelas entre manantiales de fuego.

Vestida de espejismos

dosifiqué mis últimas dosis de alegría en dos rayas casi perfectas

y pude observar en cada partícula como danZaban los pájaros negros.

Cierro los ojos

y entro a través de las colinas metálicas,

volaré mientras una de ellas la respire con fuerZa

aunque este cielo sobre el que ondee sea un desierto.

La otra, será preZiosa vestimenta blanca de un cigarro

que llamamos “chinos”

y saZiará mi garganta y mis pulmones

de esos humos que perfuman el lecho de mis versos.

Y los minutos transcurrirán nuevamente sin pena ni gloria

ante mi mirada desnortada y sin ilusiones de futuro.

Una y otra vez un futuro de derrotas sin luchas…

Vuelve la realidad destruyendo mis propios sueños

y presiento, que también son destruidos

todos aquellos sueños que aún no he soñado.

Ya que no habrá remedio

voy a pecar con un gramo más

ya que el puto infierno me está esperando

no me vendrá de otro pedaZo de muerte.

Abro mi última papela y ya no queda nada

polvo expirado…

Todo está perdido…

Arrodillada en la esperanZa de dejarlo

suplicaré sobrevivir al tiempo,

mientras en la vida anochecerá esperando esta última utopía.

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2 pensamientos en “SEGUNDO TESTIMONIO: SOBREDOSIS, CALLE Y DROGAS VARIAS

  1. Hola, me he emocionado mucho con tu historia y tus versos.Yo también tengo un pasado de adicciones que por suerte hoy son sólo pasado. Ojalá tu testimonio sirva para que muchos que todavía están en ese infierno tomen la decisión de hacer algo al respecto. Se puede salir, nunca es tarde.

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